Túnez siempre fue una bisagra. El capítulo digital es otra. El país aprende a exportar software, diseño y sistemas de llegada.
En Lac, en la medina, en villas sobre Cartago, equipos construyen productos para viajeros y eventos. Trabajan en dos o tres lenguas sin hacer un discurso.
La nueva Túnez digital no es una copia de California con mejor luz. Es una red de pequeñas empresas que tratan la hospitalidad como infraestructura.
En Lac, en la medina, en villas sobre Cartago, equipos construyen productos para viajeros y eventos.
Las políticas se atrasan. Los pagos fallan. El talento se va. Y aun así el trabajo sigue porque el mercado ya no es solo local.
Si el siglo XX pedía a Túnez ser un destino, el XXI le pide publicar experiencias.
Editorial desk